El Día Internacional de la Mujer es para mí un día lleno de fuerza. Ir a una marcha del 8M es escuchar historias desgarradoras, de mujeres que siendo niñas fueron víctimas de abusos imborrables, de adultas que sobrevivieron a agresiones físicas que literalmente intentaron acabar con sus vidas, de madres que buscan a sus hijxs porque sus padres les sustrajeron o porque les fueron arrebatadas en manos de alguien que quiso lastimarlas. Escuchar tantas voces con experiencias violentas de ese nivel, es horrible.
Es tan fuerte escucharlo que sin duda te dan ganas de romperlo y quemarlo todo hasta que la justicia por fin llegue.
Pero al mismo tiempo hay otra fuerza, la de unir nuestras voces, creernos y que, por un instante, las víctimas de violencia no tengan que cargar con todo el peso de lo que vivieron, sino que se distribuya esa carga entre todas las asistentes que dicen con certeza “YO TE CREO” o “tranquila, hermana, aquí está tu manada”.
Porque la violencia nunca termina con el hecho en sí, sino que se extiende en un bucle que parece infinito: cuando le cuentas a alguien y no te cree, cuando te piden que no lo expongas, cuando denuncias y tienes que contar una y otra vez lo vivido…
Ir a un 8M no es fácil, porque es un recordatorio de lo jodido que está el mundo.

¿Entonces por qué vas?
En primer lugar, porque creo que visibilizar todo esto es importante. Y si particularmente desde mi profesión puedo amplificar esas voces, entonces tomo dicha responsabilidad.
Creo que levantar la voz es un derecho, creo que unirnos es sostenernos y recargar nuestras fuerzas para seguir luchando.
Este año en particular tuvo un componente muy especial. Siempre he querido ir a una marcha en compañía de mi mamá y mi hermana, sin embargo, eso no ha sido posible hasta ahora. A pesar de eso, este año fui con tres mujeres importantes de mi vida y una bebé por la cual luchar: mi mejor amiga, mi suegra, mi cuñada y su bebé/mi sobrina.
Ir con mi mamá y mi hermana no ha sido posible. Pero esta vez sentí que iba con una mamá y una hermana paralelas. Y con la bebé de la sonrisa más dulce del mundo, la niña a quien siempre protegeré, por la que si me quedo sin fuerzas, escarbaré de donde sea necesario para encontrarlas para que ella viva una vida libre.
La sororidad en una marcha se ve de muchas formas, la contención colectiva ante denuncias es una. Pero también hay otras más sutiles y tiernas. Estaba cargando a mi sobrina antes de comenzar la marcha y una chica se nos acercó, le regaló una pulserita morada a la bebé y me regaló una verde con morado a mí, que dice “libre”. Todavía me enternece y me da fuerza ese momento.















Y ni que decir de la sororidad de mi mejor amiga, que no solo me acompaña a la marcha, sino en la vida. Su presencia ha transformado mi vida, ella (y claro que mis demás amigas también) es la prueba de que con la frase “una mujer no puede ser amiga de otra mujer” no intentan más que apartarnos porque juntas somos más fuertes.
Creo que la respuesta más sencilla a la pregunta de por qué voy a la marcha, pese a lo difícil que puede llegar a ser es: porque quiero un mundo distinto para las que vienen y justicia para las que han (hemos) atravesado cualquier tipo de violencia.
8M en Mérida: miles de voces al unísono por los derechos
Este 8 de marzo, más de 4 mil mujeres salieron a manifestarse, cada una con historias distintas, pero con un mismo fin: vivir libres.
Antes de iniciar la manifestación, se pronunciaron señalando que en el contexto actual han habido retrocesos en la lucha.





“El aborto legal y seguro es un derecho, no una opción ilícita”. Con esto, no solo visibilizaron el derecho al aborto, sino que también señalaron que existe un doble discurso cuando dicen defender la vida, pero en la realidad 3 de cada 4 niñeces con mamá/papá separadxs no reciben una pensión digna para cubrir sus necesidades.
“Esto no solo es económico, la crianza también requiere tiempo de calidad en recreación y educación, lo cual genera desgaste físico, psicológico y económico para mujeres”.
Con respecto al feminicidio, resaltaron que “el Estado es el principal agresor de las mujeres” al no tipificar los feminicidios, pues de enero a octubre de 2026 han registrado 5 mil 20 asesinatos de mujeres, pero solamente 597 casos fueron tipificados como feminicidio (por falta de información y capacitación en perspectiva de género, dijeron).
Además, si los feminicidios no son reconocidos como tal, en cuanto al transfeminicidio todavía hay una crisis más grande.
“En todo el país continuamos con una crisis ante la impunidad de la violencia transfeminicida, actualmente en México una mujer trans tiene 30 veces más probabilídades de ser asesinada que una mujer cis género”.
En el último trimestre de 2025 identificaron 32 transfeminicidios (con datos de la colectiva Transcontingenta), aunque las colectivas aseguran que las cifras son mucho más altas, exigieron que estos sean registrados como crímenes de odio, reconociéndolos como transfeminicidios.








“Exigimos al Estado y a la sociedad el cese a la violencia contra las trabajadoras sexuales, quienes hasta hoy en día son víctimas de abusos y extorsiones por parte de las autoridades”, resaltaron que defienden sus derechos laborales, a la privacidad, entre otros.
Levantaron la voz también por las madres buscadoras, resaltando que ellas han hecho mucho más que las autoridades por encontrar a sus hijxs, aún en medio de su dolor.
“El 8M no le pertenece a quien lo organiza, le pertenece a la comunidad, en el 8M todas las que marchamos somos protagonistas. Cada trinchera debe ser respetada y para eso existe el feminismo interseccional […] Gritaremos a su lado hasta que sus derechos humanos dejen de ser vulnerados (se dirigieron hacia la comunidad LGBTTTIQA+)”.


