Habitantes de Oncán temen que sus casas colapsen como consecuencia de las grietas que aparecen por las vibraciones con cada explosión que provocan empresas para extraer materiales.
A unos 20 minutos de Mérida (en auto) se encuentra Oncán. Un pueblo donde, sin importar con quién hables, te encontrarás un tema en común: los temblores antinaturales que viven por empresas de materiales de construcción que, para obtener dicha materia prima, explotan el suelo.

Oncán se encuentra a alrededor de un kilómetro de la empresa Mayucsa, dependiendo de cuál se considere como punto de partida.
Ésta es la empresa de materiales más cercana al pueblo.
Tres hombres sentados en un arriate bajo un árbol enorme que les da sombra y les permite disfrutar del fresco un sábado en la mañana. Una sola pregunta:
—¿Saben algo de explosiones cercanas por una empresa para extraer materiales?

Ninguno lo duda. Afirman que las escuchan todo el tiempo y las sienten en sus casas, como si se fueran a caer.
No solamente hay una empresa, dicen, sino cuatro. Señalan “hay dos acá, una allá y una acá”. Entre ellos, debaten los nombres de las empresas, sobre lo que no hay discusión ni duda es sobre el temblor que sienten cada tres días.
A don Erlindo las explosiones ya le afectaron el baño de su casa y cuando fue a reportarlo, le dieron un apoyo de mil pesos. Pero la reparación le costó 5 mil.
El principal problema es con la empresa Mayucsa, dicen, porque les vendieron terrenos de Oncán y “por eso truenan cerca”. Aunque desde hace 20 años que escuchan las explosiones, aseguran que en los últimos años la situación ha empeorado.
Ellos no son los únicos afectados. Llama la atención que en el pueblo con tan solo preguntar por las explosiones, la respuesta es una constante: tengo grietas en mi casa por eso.
—Dicen que lo van a componer, pero se hacen a los mensos: se lo componen a dos o cuatro y a los demás no —habla de la empresa Mayucsa—.




Las hermanas Arjona, Abigail y Gladis, están en una tiendita eligiendo las frutas que van a comprar, pero la pregunta sobre las explosiones les interesa porque sus casas están dañadas y quieren visibilizar la situación.
Abigail ya fue una de las seleccionadas para las reparaciones de las casas que ofrece la empresa. Pero además de señalar que solo le hacen los arreglos a unos cuantos, también advierte que no solucionan el problema. En su caso, le impermeabilizaron, pero el problema estructural continúa.



—Decían que ya no iban a explotar, pero otra vez ya empezaron. Fuerte, porque se sacude la casa, los cristales… —dice Abigail—. —Llegan las piedras —interviene Gladis—.
Piedras, polvo e incluso el olor por la dinamita les llegan al pueblo. Ellas dicen que esto ocurre todos los días y no cada tres como habían afirmado los señores que tomaban el fresco en el arriate. Incluso llegan a escucharlo dos o tres veces en un solo día.
—Ahorita ya es más seguido porque ya están más cerca de donde estamos.
—O sea, ¿ha ido empeorando la situación?
—Sí, porque te mueve la casa —dice Gladis—.
—Parece que hay un sismo —Abigail lo dice entre risas, mira a su hermana y continúa—… Le digo: cuando venga un sismo ya lo conocemos, no nos va a dar miedo.
En lo que sí coinciden con don Erlindo y sus amigos es que la problemática comenzó hace 20 años, pero se intensificó hace unos tres.
—Vamos a ser sinceros, la gente vendió sus terrenos, porque eso estaba lejos. Y ellos vendieron sus terrenos y es cuando se acercaron (la empresa Mayucsa).








Llaman a Alex Tepal (hijo de una de las hermanas) y le preguntan a cuántos kilómetros estaba Mayucsa antes. Entre ellas dos, su hijo/sobrino y su novia, calculan que la empresa solía estar a unos tres o cuatro kilómetros de Oncán, pero ahora está a tan solo uno.
La diferencia en la distancia, podría parecer menor, pero en sus casas ha sido evidente. Antes escuchaban las explosiones, pero ahora temen por la seguridad de sus hogares, porque ven su infraestructura en riesgo.
—Puede que esté acostada viendo mi serie y se caiga el techo encima de mí —ese es el temor de Gladis—.
La casa de Alex también está cuarteada. La reparación de sus paredes costaría alrededor de 7 mil pesos, según le han cotizado. Él apunta que han ido las autoridades a llamarle la atención a la empresa porque no respetan el límite de dinamita que está permitido utilizar. Dice: supongo que como tienen dinero, pagan y hacen caso omiso.
—Al fin y al cabo esto representa un problema para todos, pero la gente no lo quiere asimilar. Vendieron sus tierras en aquel entonces, pero ya están viendo los problemas.
Estima que los terrenos se vendieron hace 10 o 15 años aproximadamente. Él ha observado que se fueron acercando cada vez más a las casas porque ya explotaron todo “lo del fondo”, lo que se encontraba más lejos; y como ya tenían esos terrenos que la gente vendió, pudieron desplazarse.
—Cuando explotan vibra hasta la casa, algunas personas tienen cámaras de seguridad y tienen sonido: se escucha. Hay pruebas, pero la gente tiene miedo porque la empresa tiene dinero y no van a ganar.
Las hermanas Arjona, guían hasta la casa de la tercera de sus hermanas, Ester, porque también tiene la casa con grietas. A ella, además de los terremotos antinaturales, también le han creado una cascada. El techo de uno de sus cuartos tiene una fisura que cuando llueve divide el cuarto por la cantidad de agua que entra.

—¿Lo han reportado?
—Hemos hecho de todo, hemos estado en juntas, hemos hecho un comité… Mire, de todo. Y no hay respuesta, nada más una vez mandaron dos albañiles. ¿Para qué le voy a mentir? Vinieron a reparar y resulta que lo empeoraron más.




En el pueblo, un secreto sin esconder, es que hace un tiempo falleció un empleado de la empresa porque le cayó una piedra en la cabeza. De esas piedras que les llegan hasta sus casas cuando explota la dinamita. Temen también por estas, porque si ya dañaron a alguien dentro de la empresa, el accidente podría repetirse.
La situación es tal que todas las personas con las que dialogamos en el pueblo atraviesan el mismo problema y quisieran que la situación cambie porque temen que su seguridad esté en riesgo.
Una colaboración con Vive Mérida






